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Principios educativos: Práctica Psicomotriz Aucouturier

Desde la Escuela Infantil Reggio, desarrollamos un proyecto fundamental en nuestro hacer que es la Práctica Psicomotriz Educativa Aucouturier para niños y niñas que ya caminan.

En primer lugar, para situarnos, os queremos señalar de forma breve porqué este tipo de psicomotricidad es una actividad que se ajusta a las necesidades de los niños y niñas en sus primeros años de vida.

El niño/a en sus primeros 6-7 años de vida, es un ser global. Su cuerpo, sus emociones y sus conocimientos están íntimamente ligados, de ahí la palabra psicomotricidad. Es durante este periodo, cuando el niño y la niña va madurando poco a poco para llegar a la descentración tónico-emocional, es decir, descentrar la emoción y el cuerpo, del pensamiento. Esto conlleva a que el niño/a aproximadamente a los siete años, puede acceder al pensamiento operatorio tan característico de la etapa educativa posterior como es la Educación Primaria.

Así, en estos siete primeros años de la vida del niño/a, se van tejiendo las raíces de su personalidad futura, siendo la base de su hacer, su estar y su pensar.

Por ello, ponemos a disposición de los niños y niñas, un espacio tan mágico y maravilloso como es la sala de psicomotricidad, en la que se va a desarrollar la Práctica Psicomotriz Educativa Aucouturier.

Este tipo de psicomotricidad es una “manera de hacer” con los niños y niñas en dicho periodo de su vida tan importante. Es una forma de acompañarles de una manera profundamente respetuosa durante su propio camino, para que puedan desarrollarse de una forma más armónica, gracias a las vivencias que posibilita la sala de psicomotricidad.

El pilar fundamental de este tipo de psicomotricidad es vivir el placer del juego espontáneo, el placer de la acción. En definitiva, vivenciar el placer de crecer.A través de la sala, de los materiales específicos, del grupo reducido de niños y niñas y, sobretodo, a través del hacer del psicomotricista formado y preparado para ajustarse a cada momento que se viva en la sala, se acompaña y se respeta a cada niño/a como ser único y original que es a través de una actitud de escucha, empatía y respeto.

Se favorece así, un entorno mágico y privilegiado pensado concretamente para que los niños y niñas realicen un itinerario de maduración psicológica para favorecer el paso del “placer de actuar, al placer de pensar”, que trabaja y estimula los procesos que abren a la comunicación, la relación con el otro, la expresión, la simbolización, la descentración y la relación consigo mismo/a.

El desarrollo de la sesión, la cual se vive de manera libre y experimental, comienza con un ritual de entrada, que asegura y presenta la situación. Después, tras la destrucción del muro de módulos, se va dando paso a una gran variedad de juegos sensoriomotores que los niños y niñas viven con mucho placer: correr, saltar, trepar, rodar, subir, bajar, deslizarse... lo que favorece el paso a juegos más elaborados simbólicamente, correspondientes a cada momento madurativo en el que se encuentren. La sesión finaliza con una historia o cuento que invita a la aparición de imágenes mentales y un momento último destinado a la representación espacial y gráfica.

Así, se permite a los niños y niñas que a través del juego y de la acción movilicen su cuerpo desde el deseo y el placer, lo que posibilita que se muevan emociones, imágenes, sensaciones, pensamientos... y pueden exteriorizar así su mundo interno: sus potencialidades, sus miedos, sus dificultades, sus deseos, sus emociones, sus alegrías... en un espacio perfectamente diseñado y pensado para que todo ello sea posible dentro de un encuadre de seguridad física y afectiva que les acompaña, les contiene y les sostiene en todo su desarrollo.

La sala de psicomotricidad, se convierte así, en un entorno para que disfruten del crecimiento con sus iguales, para que puedan experimentar el placer de ser ellos/as mismos/as, que les permite reconocer las emociones y poder ir autogestionándolas y que favorece el desarrollo del pensamiento operatorio... todo ello en un ambiente lúdico, que tiene en cuenta las necesidades propias y reales de cada niño y cada niña, poniendo el acento en lo que sí sabe hacer, en sus capacidades y en sus propios recursos.

 

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